TOMADO DEL DIARIO AZ DE XALAPA
domingo, noviembre 23, 2008, 06:10 PM
DE POLÍTICA Y COSAS PEORES CATÓN –ARMANDO FUENTES AGUIRRE Xalapa, Ver.- Veracruz es la sonrisa de México. Y el Gran Café de La Parroquia es la sonrisa de Veracruz. Este año el benemérito establecimiento cumplió dos siglos de existencia. Yo me honro en ser amigo del Gran Café de La Parroquia, de sus dueños, de sus empleados, de sus festivos y bondadosos parroquianos. Siempre que voy al Puerto cumplo el entrañable ritual de beber mi lechero acompañado por una canilla, una micha o una bomba con nata o mantequilla. Hago sonar el vaso con la cuchara, nostálgica evocación del tranviario que con la campana del tranvía avisaba que iba a llegar ya a la esquina de La Parroquia, para que le tuvieran listo su café. Lo que yo no sabía es que el poeta Julio Sesto, autor de aquella doliente endecha, «Las abandonadas», escribió una vibrante oda dedicada al Gran Café de La Parroquia. Mi amigo Fernando Fernández Ceballos, que con esmero cuida la noble tradición del establecimiento, me dio una copia del poema, algunas de cuyas estrofas reproduzco en homenaje al Café, cuyo propietario, don Fernando Fernández Lavid, con su esposa y sus hijos, me hizo el honor de invitarme a apadrinar la inauguración de la primera y única sucursal -en Boca del Río- que tiene esa institución nacional, gloria de Veracruz. He aquí los sonoros versos alejandrinos de don Julio Sesto: «... Café de la Parroquia del soportal vetusto / donde los parroquianos se sienten tan a gusto, / y en el que yo hago atisbos, y con placer trasnocho / sintiendo el noble ritmo del corazón jarocho. / Viejo Café del mundo, de fama ultramarina, / que contemplas los siglos pasando por tu esquina. / Eres como un abuelo que sabe muchas cosas, / quizá desde el incendio de las naves famosas. / Café de mis pecados, que tienes frente a frente / la clásica parroquia, baluarte de la fe. / Siempre que tu bullicio resulta irreverente / cierran los sacristanes la puerta del poniente, / porque si no los santos se irían al Café... / En ti, Café, al entrar, / perciben los sentidos como un rumor de mar, / y las nocturnas olas del malecón se acallan / por escuchar las risas que en La Parroquia estallan; / palmadas y murmullos; sonar de cucharillas / y vasos, que simulan toques de campanillas; / ir y venir del mozo que trae la cafetera, / y humanas mariposas que pasan por la acera / en un revoloteo como de primavera. / Aquí despotricaba, joven y fanfarrón, / el genio de este Puerto, el gran Díaz Mirón, / con su encrespada y lírica melena de león... / Café de arcaicos muros y de antañona traza, / fundamental y tácito casino de la raza. / La música en la plaza toca un danzón que arrulla. / Bulla en el Diligencias, y en la Parroquia bulla. / Los ojos de los arcos se agrandan para ver / -lo mismo que los hombres- pasar tanta mujer / cimbreante: son las dulces y gráciles jarochas, / francas y liberales, / que lucen en su pecho cocuyos tropicales; / que no son descreídas ni son tampoco mochas... / e imaginariamente bogo en frágil falúa, / o vuelo, hecho un albatros, sobre San Juan de Ulúa. / Café de La Parroquia, acogedor amigo / que vives de la iglesia viejísima al abrigo: por grato y venerable te canto y te bendigo. / Quieran todos los dioses de la tierra y del mar / que nunca tú y el faro se lleguen a apagar. / Que nunca el mundo sepa que tus ruidos han muerto, / viejo café del Puerto, / y que jamás se extingan tu jácara y tu luz, / porque ¡oh Café inefable! / tu fenecer sería pérdida irreparable / ¡y el día que tú mueras se muere Veracruz!"... Sea la transcripción de esos versos mi homenaje, mi agradecimiento, y la expresión de mi amor a esa casa de los veracruzanos, y por tanto de los mexicanos todos, que es el Gran Café de La Parroquia, sonrisa de Veracruz, esa sonrisa de México. ¡Que cumpla 200 años más!... FIN. enlace permanente enlace relacionado
domingo, noviembre 23, 2008, 06:10 PM
DE POLÍTICA Y COSAS PEORES CATÓN –ARMANDO FUENTES AGUIRRE Xalapa, Ver.- Veracruz es la sonrisa de México. Y el Gran Café de La Parroquia es la sonrisa de Veracruz. Este año el benemérito establecimiento cumplió dos siglos de existencia. Yo me honro en ser amigo del Gran Café de La Parroquia, de sus dueños, de sus empleados, de sus festivos y bondadosos parroquianos. Siempre que voy al Puerto cumplo el entrañable ritual de beber mi lechero acompañado por una canilla, una micha o una bomba con nata o mantequilla. Hago sonar el vaso con la cuchara, nostálgica evocación del tranviario que con la campana del tranvía avisaba que iba a llegar ya a la esquina de La Parroquia, para que le tuvieran listo su café. Lo que yo no sabía es que el poeta Julio Sesto, autor de aquella doliente endecha, «Las abandonadas», escribió una vibrante oda dedicada al Gran Café de La Parroquia. Mi amigo Fernando Fernández Ceballos, que con esmero cuida la noble tradición del establecimiento, me dio una copia del poema, algunas de cuyas estrofas reproduzco en homenaje al Café, cuyo propietario, don Fernando Fernández Lavid, con su esposa y sus hijos, me hizo el honor de invitarme a apadrinar la inauguración de la primera y única sucursal -en Boca del Río- que tiene esa institución nacional, gloria de Veracruz. He aquí los sonoros versos alejandrinos de don Julio Sesto: «... Café de la Parroquia del soportal vetusto / donde los parroquianos se sienten tan a gusto, / y en el que yo hago atisbos, y con placer trasnocho / sintiendo el noble ritmo del corazón jarocho. / Viejo Café del mundo, de fama ultramarina, / que contemplas los siglos pasando por tu esquina. / Eres como un abuelo que sabe muchas cosas, / quizá desde el incendio de las naves famosas. / Café de mis pecados, que tienes frente a frente / la clásica parroquia, baluarte de la fe. / Siempre que tu bullicio resulta irreverente / cierran los sacristanes la puerta del poniente, / porque si no los santos se irían al Café... / En ti, Café, al entrar, / perciben los sentidos como un rumor de mar, / y las nocturnas olas del malecón se acallan / por escuchar las risas que en La Parroquia estallan; / palmadas y murmullos; sonar de cucharillas / y vasos, que simulan toques de campanillas; / ir y venir del mozo que trae la cafetera, / y humanas mariposas que pasan por la acera / en un revoloteo como de primavera. / Aquí despotricaba, joven y fanfarrón, / el genio de este Puerto, el gran Díaz Mirón, / con su encrespada y lírica melena de león... / Café de arcaicos muros y de antañona traza, / fundamental y tácito casino de la raza. / La música en la plaza toca un danzón que arrulla. / Bulla en el Diligencias, y en la Parroquia bulla. / Los ojos de los arcos se agrandan para ver / -lo mismo que los hombres- pasar tanta mujer / cimbreante: son las dulces y gráciles jarochas, / francas y liberales, / que lucen en su pecho cocuyos tropicales; / que no son descreídas ni son tampoco mochas... / e imaginariamente bogo en frágil falúa, / o vuelo, hecho un albatros, sobre San Juan de Ulúa. / Café de La Parroquia, acogedor amigo / que vives de la iglesia viejísima al abrigo: por grato y venerable te canto y te bendigo. / Quieran todos los dioses de la tierra y del mar / que nunca tú y el faro se lleguen a apagar. / Que nunca el mundo sepa que tus ruidos han muerto, / viejo café del Puerto, / y que jamás se extingan tu jácara y tu luz, / porque ¡oh Café inefable! / tu fenecer sería pérdida irreparable / ¡y el día que tú mueras se muere Veracruz!"... Sea la transcripción de esos versos mi homenaje, mi agradecimiento, y la expresión de mi amor a esa casa de los veracruzanos, y por tanto de los mexicanos todos, que es el Gran Café de La Parroquia, sonrisa de Veracruz, esa sonrisa de México. ¡Que cumpla 200 años más!... FIN. enlace permanente enlace relacionado




