ANIMALIA
AYUDA ANIMAL
MARICARMEN GARCÍA ELÍAS
Es indiscutible el auge que ha tenido en los últimos años la participación ciudadana en tareas encaminadas a ayudar y proteger a los animales del maltrato y la extinción y también enfocadas a cuidar el medio ambiente. Sólo a finales del siglo pasado el hombre comienza a tomar conciencia con culpabilidad del daño que le provocó a su habitat -como el calentamiento global, producto de la contaminación- y a los animales que exterminó -como el oso pardo nativo de los Pirineos el 08 de octubre de 2004, cuando los discípulos del rey español, Juan Carlos de Borbón, mataron a la última hembra cazando, según el diario hispano El Mundo.
En 1971 nació en EE. UU. Greenpeace, la principal agrupación ecologista, que actualmente tiene 2,8 millones de integrantes por el mundo y presencia en 40 países en Europa, Asia y América, incluyendo a México. Sin fines de lucro, la paz verde (interpretación al español) fijó las normas que tienen que seguir las agrupaciones ambientalistas y animalistas para no perder su independencia, por eso no solicita ni acepta donaciones de gobiernos, de corporaciones ni de partidos políticos. Confiado en los principios de la no-violencia, expone las amenazas al ambiente y trabaja para encontrar soluciones.
Los grupos ecologistas combinan una muy amplia diversidad de corrientes, personas y motivaciones. Según "El debate medioambiental en el mundo", un artículo de la revista electrónica Inter-Fórum, se pueden distinguir tres grandes tendencias ecologistas: tradicional, política y profunda.
La primera corriente es la que agrupa la mayor cantidad de personas simpatizantes; su misión consiste en no heredarle a las futuras generaciones un planeta destruido o deteriorado. La segunda, utiliza la sensibilidad como arma política y de forma instrumentalizada, pero su verdadero objetivo es atacar el sistema económico predominante; no es tan masivo como el ecologismo tradicional, pero tiene capacidad de movilizar recursos humanos en los medios de comunicación y en instituciones públicas; sus integrantes forman parte de grupos ecológicos tradicionales y, a la vez, de grupos políticos organizados. Y la tercera corriente tiene bases filosóficas muy sólidas, casi religiosas -explica el artículo de la revista citada- que plantean al hombre como un ente más de la Tierra; para el ecologismo profundo todos los seres, incluso los inanimados, tienen derechos; “rechaza el antropocentrismo judeo-cristiano, y tiende a ver a la especie humana como una plaga, destacando la superpoblación como una amenaza para la naturaleza”; visualiza el desarrollo, por equilibrado que sea, como enemigo de la naturaleza, y por lo tanto condenan a los sistemas económicos-políticos que lo permiten; si bien sus objetivos de largo plazo son muy distintos a los del ecologismo político, estas tres corrientes ecologistas y animalistas comparten sus objetivos tácticos: combatir un sistema que permite el maltrato a los animales y al medio ambiente.
Cabe destacar que los grupos animalistas, a diferencia de los ambientalistas, son espontáneos, es decir, surgen en base a la necesidad de acción para casos más o menos puntuales. Perros, gatos, animales de zoológicos y todos los animales que se encuentran en su entorno inmediato, despiertan reacciones compasivas y de rescate en el pro-animal. No existe realmente una base ideológica compleja ni filosofía alguna detrás de estos colectivos, pues la motivación es personal. Pero sí hay tres fundamentos básicos en su causa, según la Asociación para un Trato Ético con los Animales (ATEA), pionera dentro del movimiento en España y creada en 1994.
“1. Existen numerosas situaciones de resultas de las cuales se produce una violencia de dimensiones extraordinarias hacia los animales. Las áreas de explotación son muy diversas, y van desde aquellas familiares para el gran público (corridas de toros, espectáculo del circo), hasta otras más sutiles, como la publicidad o el abandono.
2. Los animales no humanos son seres vivos dotados de sensibilidad, y por tanto son capaces de experimentar dolor físico y de sufrir intensamente. Todos los indicios que tenemos desde el conocimiento humano apuntan en este sentido, y nadie (excepto alguien interesado en negar la evidencia) puede obviar esta realidad.
3. Lo seres humanos adultos racionales somos individuos éticos. Esto implica que poseemos una capacidad para hacer juicios de valor sobre nuestros actos, que clasificamos, a grandes rasgos, en "buenos" o "malos". Esto nos obliga de alguna manera a procurar evitar el daño innecesario causado a los demás”.
Son todos articulados, ninguno vale por sí sólo sin el otro; entonces, podríamos decir que estos fundamentos son las motivaciones iniciales para un pro-animal activo, quien puede no saber en teoría de ellos, pero los intuye y siente, la idea es cambiar la mentalidad social pues el problema se encuentra inmerso en el interior de la cultura.
No existe una ideología ni filosofía animalista, pero sí tres fundamentos que no discriminan las creencias ni las clases socio-económicas de sus integrantes. Estos principios se basan en que existe la explotación de animales, estos son seres sensibles al dolor y el hombre sabe diferenciar lo bueno de lo malo, por lo tanto, debe hacer caso a su ética y evitar el daño innecesario a los demás. Lo cierto es que después de siglos de maltrato animal sin remordimiento, los sujetos empiezan a sentir culpabilidad, a medida que se autohieren con sus acciones destructivas. En la segunda mitad del siglo XX el humano toma conciencia con culpabilidad y desarrolla la capacidad de compasión a su entorno animado e inanimado.
Diferentes tipos de personas se convierten en animalistas activos y comprometidos, en distintos grados, por ejemplo, algunos se hacen vegetarianos, otros adoptan muchos perros vagabundos y el gran grueso de ellos cuida bien a su(s) mascota(s). No importan las diferencias socio-económicas y de credo, pues la motivación principal es la empatía, amor o compasión animal.
En nuestro Estado hemos palpado esta empatía por los animales en los desastres naturales ocurridos recientemente, fuimos testigos de la colaboración ciudadana que además de ayudar a los humanos damnificados que perdieron todo, también ha organizado brigadas de rescate animal en las zonas de inundación, nunca antes se había visto algo así y realmente resulta satisfactorio ver como nuestra sociedad actúa solidariamente con quienes tienen voz para expresarse y también con aquellos que no pueden hacerlo , las asociaciones protectoras locales, estatales e incluso internacionales, se trasladaron a diversos puntos críticos a ayudar al mayor número posible de animales, protectores independientes dieron su tiempo, dinero y esfuerzo para hacer lo propio e incluso algunos servidores públicos respondieron y han ayudado de una manera muy humana, si bien es cierto que aún quedan muchos animales por tenderles la mano, la situación se resolverá poco a poco con toda la respuesta que la ciudadanía y estos grupos han dado.
Otra de las causas que más preocupa, actualmente, a los grupos animalistas de Veracruz es que aún no se aprueba la Ley de Protección Animal que presentó la diputada Dalia Pérez Castañeda, esperemos que antes de que acabe esta legislatura se apruebe para que un proyecto tan visionario como éste no se vaya a la congeladora. gaem80@gmail.com




