Por: Ángel Lara Platas
Lo del Estadio Azul el pasado 11 de
marzo, donde Josefina Vázquez Mota rindió protesta como candidata del PAN a la
Presidencia de la República, es un ejemplo de que las grandes concentraciones
para vitorear candidatos, no es la mejor opción proselitista.
Estudios serios concluyen que los
mítines con acarreados entre más
concurridos mayores son las fallas en su organización. También se han realizado
encuestas que arrojan un dato revelador: aproximadamente el 15% de los
asistentes, por las molestias e incomodidades en el traslado y en el evento, deciden
abstenerse de votar en favor del candidato (o candidatos) a los cuales acudieron
a manifestar su apoyo.
La autoría de las concentraciones masivas
corresponde al Revolucionario Institucional. Pero en el transcurrir de la historia, dicha práctica ha sido adoptada
por los demás partidos. Lo interesante del asunto es que no todos consiguen
buenos resultados. Si bien se trata de la misma receta, la mejor sazón sigue
siendo la del PRI.
Las fallas más frecuentes en la
organización de un mitin de acarreados son: la prolongada espera del arribo de
los candidatos; la inclemente exposición a los rayos del sol; la falta de
alimentos bien elaborados; sueño, cansancio. Y el aburrimiento de escuchar largos
discursos con palabrería difícil de entender.
Por ello, en lugar de ganar votos, estas
estrategias terminan siendo tan solo un bocado para alimentar la vanidad de los
obsequiados. Formas y tradiciones que no han evolucionado, que permanecen
estacionadas en los tiempos idos.
Mientras no se actualice el formato
de las campañas, mientras no se utilicen adecuada y racionalmente las novedosas
tecnologías de la comunicación interpersonal, cualquier candidato de cualquier
instituto político estará expuesto a la mofa pública.
Por lo visto, la fiesta electoral no
ayuda mucho si sale bien, pero cómo perjudica si hay errores. Y eso fue lo que
pasó en la toma de protesta de doña Jose.
Lo lamentable para el PAN es que
nunca antes había pagado un precio tan alto por una fotografía. La foto de la aspirante
presidencial -con voz ahogada en la desolación y lanzando palabras al viento desde
el centro de un estadio casi vacío-, es una imagen que deprime y desanima.
A la señora le falló la estructura
encargada de la planeación. La hicieron trastabillar. Tanto que los
coleccionistas de retratos impactantes ya colocaron el de la panista -en la
soledad de las gradas- junto al de Fidel Castro cuando un tropezón lo hizo
rodar por el piso frente a la mirada del pueblo cubano.
Así no se quiera, lo de Josefina podría
tomarse como hecho análogo porque si no fue tropezón fue zancadilla. Lo que
sea. La cosa es que el fantasma de la sustitución ronda por los jardines de Los
Pinos.
Aunque algunos panistas tratan de minimizar
el hecho calificándolo de “pequeño detalle”, a pesar de la extensa difusión en
medios nacionales e internacionales, los de enfrente comparan lo ocurrido en la
fiesta de Vázquez Mota con lo que puede ocurrir en alguna fiesta familiar. Si
en el baile con los chambelanes a la quinceañera se le rompe el tacón de la zapatilla,
no es nada grave. Pero ese cuadro permanecerá por mucho tiempo en la memoria de
los invitados. Algo similar ocurriría en una boda en la que al novio se le
olvidó retirar la etiqueta que cuelga de la manga del traje. El descuido tendrá
un lugar en la chacota de los comensales. Son detalles que manchan la fiesta.
Ese “pequeño detalle” encendió los
focos rojos al interior del PAN. Pero en lugar de retomar el camino, parte del
equipo de Vázquez Mota decidió amarrar su futuro a una candidatura plurinominal, en lugar de jugársela al lado
de su correligionaria. Ese es el otro vacío.
El desliz del domingo puede no
restarle puntos, pero sí va a representar un lastre para crecer en las
encuestas.
En el cuarto de guerra azul nadie
quiere cargar con la culpa. Abundan los reclamos airados y las justificaciones.
Algunos voltean los ojos hacia la candidata. Le dicen que tiene que ser
puntual, que debe hablar con mayor claridad, que tiene que refrescar el discurso
para las mujeres -se quejan que las féminas andan de coquetonas con Peña Nieto,
en lugar de alegrarles que una congénere llegue a Los Pinos-.
Lo que pretendió ser una manifestación
de fuerza y poder que impunemente evadiera los extraños criterios del árbitro
electoral, quedó como una inocultable evidencia de la improvisación.
Lo delicado es que los resbalones no
paran: la exclusión de las fotos familiares a su hija Celia –que tiene
problemas de obesidad-; pedir aventón a un motociclista para llegar a tiempo al
IFE por no prever embotellamiento en el Periférico; espetar a estudiantes de la
Ibero que ella estudió en esa universidad por no ser perfecta; criticar a la
UNAM en su tesina…
Si no cambia la suela a sus zapatos
por una antiderrapante, en su próximo resbalón podrían llamar al Dr. José Ángel
Córdova Villalobos, y no precisamente para que la auxilie.
alaraplatas@hotmail.com




