Meta Platforms ha encendido el debate global tras el registro de una patente relacionada con sistemas de inteligencia artificial capaces de interactuar desde cuentas de usuarios fallecidos o inactivos. La propuesta tecnológica permitiría generar respuestas automatizadas que imiten el estilo, lenguaje y patrones de comunicación que la persona tuvo en vida, utilizando su historial digital como base de entrenamiento. El anuncio ha sido interpretado por muchos como un paso hacia una nueva forma de “presencia digital póstuma”.
La patente describe un sistema que analizaría publicaciones, mensajes, audios y otros contenidos compartidos previamente por el usuario para construir un modelo conversacional personalizado. A diferencia de los tradicionales perfiles conmemorativos que ya existen en redes sociales, esta herramienta no solo preservaría el contenido, sino que podría mantener interacciones activas con familiares y amigos, respondiendo preguntas o generando mensajes con un estilo similar al original.
Especialistas en ética digital advierten que este tipo de tecnología abre un terreno complejo. Por un lado, podría convertirse en una herramienta de acompañamiento en procesos de duelo, ofreciendo una sensación de continuidad emocional. Por otro, plantea interrogantes sobre consentimiento, manejo de datos y límites morales: ¿puede una empresa recrear digitalmente la voz de alguien sin una autorización explícita previa?, ¿quién controla esa identidad virtual?
No es la primera vez que la inteligencia artificial se vincula con la memoria digital. En los últimos años, diversas startups han desarrollado “chatbots conmemorativos” y avatares que recrean voces mediante aprendizaje automático. Sin embargo, el peso de una compañía del tamaño de Meta coloca el tema en el centro de la conversación pública y podría acelerar regulaciones en materia de herencia digital y derechos post mortem.
Mientras el desarrollo tecnológico avanza, el debate social apenas comienza. La posibilidad de interactuar con una versión digital de alguien que ya no está transforma la manera en que entendemos la muerte, la memoria y la identidad en la era digital. Lo que para algunos representa consuelo y evolución tecnológica, para otros es una frontera ética delicada que exige reglas claras antes de convertirse en una función cotidiana dentro de las redes sociales.





