En Orizaba hay una pregunta que merece respuestas claras: ¿Aglo Joven trabaja por la ciudadanía o utiliza el trabajo social como escaparate político?
No se trata de negar su existencia ni de afirmar que exista una estructura partidista. Se trata de cuestionar qué ocurre con las donaciones, quién administra los recursos y a quién termina beneficiando la exposición pública.
Si ciudadanos donan dinero, productos o apoyos para ayudar a personas vulnerables, lo mínimo es transparencia:
* ¿Quién recibe y administra las donaciones?
* ¿En qué se utilizan?
* ¿Existen comprobantes?
* ¿Quién decide a quién se entrega la ayuda?
* ¿Cuánto beneficia realmente a la comunidad y cuánto a la imagen de quienes encabezan el proyecto?
Y hay otra pregunta incómoda: ¿qué papel juegan los jóvenes?
Una cosa es el voluntariado social y otra convertir a jóvenes en movilización para eventos, recorridos, banderas y fotografías que puedan utilizarse para construir posicionamiento político.
Mover banderas no es construir liderazgo. Y llenar eventos no significa tener respaldo ciudadano.
También es legítimo preguntar por la congruencia política de quienes encabezan el proyecto. Cambiar de partido o de simpatía política es un derecho; convertir la cercanía política en una estrategia para conseguir espacios públicos es otra cosa.
Aspirar a un cargo no tiene nada de malo.
Lo cuestionable sería utilizar las necesidades de la gente, las donaciones ciudadanas y el trabajo de jóvenes voluntarios como plataforma para una aspiración personal.
Si Aglo Joven es realmente social y apartidista, que lo demuestre con hechos: transparencia, cuentas claras y congruencia.
Porque hay una diferencia enorme entre servir a la gente y servirse de la gente.
Y esa es la pregunta que queda sobre la mesa:
¿TRABAJO SOCIAL O TRAMPOLÍN POLÍTICO?





