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DEL CHOP SUEY Y LAS GALLETITAS DE LA SUERTE…


DEL CHOP SUEY Y LAS GALLETITAS DE LA SUERTE…

Ana Celia Montes Vázquez

Una sopita de fideo transparente… ¿O tal vez unos Rollitos Primavera y camarones en salsa agridulce? Mejor toda una comida china completa que se respete, con todo y los panes chinos de sabores y colores, muy de moda ahora.
            Así es y si el lector está pensando que sólo en la legendaria Shangai puede degustar estos y otras ricuras de platillos, pues se equivoca. Aquí mismo, en pleno corazón de la Ciudad de México, la comunidad china establecida desde hace varias décadas en nuestro país, para más señas en la calle de Dolores, hace las delicias de antojadizos paladares, curiosos turistas y chachareros coleccionistas, pues lo mismo se encuentran las clásicas galletitas de la suerte que sonrientes y rollizos Budas (quienes, por cierto, en China son delgadísimos) de todos los tamaños y colores pasando por abanicos, vajillas de porcelana y faroles rojos, negros, blancos y dorados –los colores conmemorativos de su Año Nuevo, el lunar--, con el aderezo de la infalible presencia de un ojitos de rendija, como lo son todos ellos, quien siempre amable de mil amores y con la sonrisa de oreja a oreja muestra al visitante esto y más.
            No cabe duda que los chinos de Dolores, como popularmente se les conoce, dotan a nuestro de por sí peculiar Centro Histórico de la capital mexicana de una simpática, interesante y tradicional faceta. ¿Cierto o no que caso todo los habitantes del área metropolitana del ex Distrito Federal hemos ido, alguna vez en la vida, a un café de chinos –modesto o elegantioso, de esos que abundan en la ciudad capital— a degustar un cafecito con leche o unos bisquets exquisitos sobre todo en la nochecita? ¿Verdad?
            Pero ahí donde los ven muy calladitos y curiositos, estos orientales son tan machos como el que más. Así es, allá como aquí el hombre es el amo y señor y su mujercita todavía más sumisa; sin ser gritones ni golpeadores exigen las pantuflas y que la comida esté calientita y servida a la voz de ya. Y en cuanto al trabajo –a diferencia de algunos mexican machos— son muy laboriosos y tanto la esposa como los hijos desde los doce años le tupen al trabajo en el negocio familiar sea restaurante, lavandería o comercio, para preservar y acrecentar el patrimonio, siendo la hora de la comida (llueve, truene o relampaguee) por excelencia la reunión de todos los miembros.
            Y ya que de comida se vuelve a tratar, en China se dice que todo se come menos los aviones. Sí, pues aunque usted no lo crea con muy apreciados los guisos con carne de perro, carne de rata (¡!), de víbora y la sopa de nidos de golondrina entre otras rarezas para nuestro gusto occidental, así como en Vietnam, Seúl, Japón y demás legendarios y lejanos países orientales. Pero que no cunda el pánico. Si a alguien se le antoja probar las delicias culinarias chinescas tenga la plena seguridad de que degustará pollo, pescado, res, puerco, camarones, pulpo y calamar. ¡Ah! Y eso sí, muchas verduras por aquello de la dieta, ¿o no?
            Cabe señalar que los chinos mexicanos y muchas de sus costumbres varían de las de los continentales; es decir, de los chinos de China. Las razones, como líneas arriba se mencionó, empezando porque allá no hay Budas panzones como acá y tampoco existe el chop suey; y acá no hay leche ni yogurt de soya, los cuales son blancos y ligeros. De igual forma, tal vez debido a que se privilegia el nacimiento de varones hay menos mujeres, por lo que para un matrimonio chino las damas se cotizan y exigen boda elegante, con vestido blanco y muchos fuegos artificiales.  Y en cuanto a la idea que tenemos sobre los chinos también se requiere aclarar algo: El concepto de color, pues mientras que para Occidente el rojo es amor y pasión, para ellos es dinero y abundancia, razón por la cual sus locales, dinero y todo es de ese color; de igual forma, resulta y sucede que el amarillo es el color del emperador o del poder; el verde, el del pueblo, y el azul, el del cielo. Nada qué ver con nuestra creencia de amarillo, dinero y verde, esperanza.
            En fin, si se desea pasar un buen rato y al mismo tiempo conocer un poco de la cultura china en un sitio histórico, el más indicado es el Callejón de Dolores a unas cuadras de la Alameda Central. Con suerte se atraerán las buenas vibras de Buda y la abundancia de la Diosa del Arroz…

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