El Baldón: Destruir por destruir
Por: José Miguel Cobián
Pocas veces me he sentido tan indignado
ante el mal manejo de una noticia, como el que se le ha dado a una expresión de
absoluta honestidad de Juan Manuel Diez.
Primero el periódico Reforma y luego una
serie de medios que replican sin ningún análisis lo que allí se publicó, con el
afán de llamar la atención de los ciudadanos, o atacar a alguien cuya conducta
raya en lo intachable.
Imagine usted que resulta electo como
diputado federal. Si es su primera vez
como diputado, seguramente no tendrá la menor idea de la técnica legislativa, y
tampoco tendrá experiencia en cuanto al análisis del presupuesto del próximo
año. Esto es absolutamente cierto, nadie podría afirmar que domina ambos temas,
siendo su primera vez como funcionario electo en el congreso federal. Salvo que usted hubiera trabajado en la
secretaría de hacienda o en el propio congreso, en la elaboración o análisis
del multicitado presupuesto para 2013.
Seguramente muy pocos diputados
expresarían su desconocimiento del tema, y mucho menos solicitarían una
capacitación. Solo alguien que padezca
de exceso de honestidad, intentaría cumplir con su función sin temor al
ridículo o al ¨queme¨ por su petición.
En México sabemos que la mayoría de los
diputados no están interesados en realizar su trabajo, sino en obtener algún
tipo de ganancia a cambio de su voto.
Hoy tenemos un diputado federal, que ha demostrado ser un empresario
exitoso, y además un alcalde excepcional.
Un diputado federal que obtuvo la mayor votación del país para resultar
electo. Un diputado cuyos votantes le otorgaron una enorme mayoría de votos, y
con ello su confianza absoluta en su desempeño.
Yo no vivo en el distrito de Juan Manuel
Diez, y sin embargo lo considero mi representante en el congreso, sin demérito
de Letyo de Tomás a quienes también los considero mis diputados federales. Para mí, y seguramente para muchos otros
ciudadanos, Juan Manuel representa la aspiración de un mejor congreso, una
cámara de diputados gobernada por la ética e inspirada en la búsqueda del bien
común, del bien de todos, o del bienestar de los ciudadanos. (Como usted quiera definir lo que ya intenté
explicar que es el beneficio de todos los ciudadanos, es más, de todos los
mexicanos).
Juan Manuel Diez ha representado la imagen
de un ciudadano exitoso, de un empresario exitoso que entra como emergente a
escasos días del cierre de campañas, y que gana una alcaldía. Alcaldía que hoy sabemos fue el trienio más
exitoso que ha tenido nuestra hermana ciudad de Orizaba, y que se convirtió en
la envidia del resto de los veracruzanos, ya que todos añorábamos tener un
alcalde como Juan Manuel.
Con la misma dedicación, los ciudadanos de
su distrito esperan que atienda su función como diputado federal, y Juan Manuel
demanda capacitación para poder tomar la mejor decisión en la comisión de
presupuesto, en la cual ocupa un puesto relevante. Sabedor además, de que lo que salga de la comisión
de presupuesto será analizado por el pleno de
la cámara baja, sin el mismo detalle y profundidad en que se analizó en
la comisión correspondiente.
Tenemos un diputado honesto, un hombre que
busca realizar de la mejor manera posible el trabajo al cual el destino lo ha
llevado, y entonces, aprovechamos para criticarlo, intentar destruirlo,
aprovechar el amarillismo superficial del Reforma para aplicar vendettas añejas generadas por
su decisión de no gastar en exceso los recursos de su administración municipal
en medios de comunicación.
Los habitantes de la zona centro del
estado, quienes sabemos y conocemos de la calidad humana y la ética que mueve a
Juan Manuel Diez no podemos quedarnos callados ante un mal manejo en prensa de
una expresión digna y legítima de quien espera conocer de lo que tiene que
opinar, que no es poca cosa, el destino de nuestro país.
Juan Manuel. Poco te he tratado. No soy tu amigo. Sin
embargo me solidarizo contigo, y sólo espero que estos ataques te fortalezcan
en lugar de lograr debilitarte.




