El Baldón: Cierto Olor a Podrido
Por: José Miguel Cobián
Imagine usted un trato como el que voy a
detallar a continuación y seguro coincidirá conmigo en que algo huele muy mal
para el olfato de los ciudadanos, mientras que para las autoridades todo está
muy bien y no pasa nada (cuando menos su inacción así lo demuestra).
Un ex diputado federal de filiación panista
crea una empresa dedicada a la instalación de anuncios espectaculares, y la
renta de los mismos, tanto a particulares como a actores políticos. Recuerde usted que los espectaculares, son
esos anuncios que vemos a los lados de las carreteras y en algunas zonas de las
ciudades, con gran formato, y que cuando son de política ningún ciudadano les
presta la mínima atención, salvo para observar el maquillaje del político en
turno, o la mentira con la que nos tratan de convencer de que la realidad está
equivocada y que el mundo que ellos afirman haber generado (en su imaginación)
es real y debemos de agradecerles su creación.
Bueno, pues resulta que los contratos de
comodato, implican el uso de un bien , que en este caso es un espacio público,
administrado por un municipio. Y a
cambio de ese uso del bien público, el municipio no cobra nada. Pues los comodatos implican el uso de algo a
cambio de nada, generalmente.
Pues el municipio en cuestión otorga el
uso de la vía pública por seis años, a la empresa de los espectaculares, en
ciertas zonas de su territorio. Además, el municipio se obliga a proteger los
anuncios y brindarles seguridad.
Adicionalmente, el municipio se compromete a construir las bases de los
espectaculares, y no sólo eso, el municipio se compromete más allá del término
del mandato de la actual comuna, lo cual debiera implicar un permiso especial
del congreso el estado para suscribir el mencionado contrato de comodato.
El municipio, que aparentemente no recibe
ningún beneficio por otorgar este contrato de comodato, se compromete también a
indemnizar a la empresa de espectaculares, en caso de que no pueda instalarlos,
comenzando con un compromiso de pagarle un millón de pesos si el primer año,
por la razón que fuera, no pudiera instalar dichos espectaculares.
Cabe aclarar que estratégicamente se
definieron los espacios de instalación de los anuncios, en zonas en dónde
pondrían en peligro a niños o a transeúntes, razón por la cual, desde el
principio ambas partes sabían que la indemnización tendría que pagarse.
Después de todo lo anterior, en estas
fechas nos enteramos de que un tribunal solicita al municipio de Fortín el pago
de ese millón de pesos mencionado.
Mientras que la empresa de Mauricio Ducksigue adelante con sus
procedimientos legales para obtener lo ofrecido en el contrato de
comodato.
Si una empresa privada realiza un contrato
con el cual obtiene ventajas como las mencionadas, hay que felicitar a quien
negoció dicho contrato, en el cual se expresa la voluntad de las partes. Si un gobierno municipal suscribe un
contrato como el mencionado, habría que investigar con prontitud las razones
que llevaron a los funcionarios que firmaron dicho comodato, a hacerlo.
Al cabildo actual, habría que cuestionarle
que la defensa ante el acto de autoridad, no esté encaminada hacia la falta de
autorización del congreso para comprometerse más allá de los tres años del
mandato de César Torrecillas. Y en caso
de que hubiera sido aprobada por el congreso del estado, buscar la instancia
correspondiente para cuestionar a los diputados locales que lo aprobaron,
dañando claramente la economía y seguridad del municipio de Fortín.
Algo huele muy mal en Fortín. A ojos de toda la ciudadanía las cosas
estaban mal y no se ve que se persiga solucionar los problemas heredados, ni
definir a los responsables. Por
ejemplo, en este caso, si el contrato de comodato fue ilegal, el municipio no
tendría responsabilidad, y entonces la empresa tendría que demandar a los
firmantes, ya no como funcionarios, sino como particulares que la defraudaron
al comprometerse a algo que legalmente no podían suscribir ni cumplir.
Mientras Fortín se pudre, unos cuantos ciudadanos
reclaman airadamente y realizan acciones políticas o legales. Mientras la inmensa mayoría espera
calladamente la hora de las votaciones para expresar en las urnas su opinión.
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