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Rebelión silenciosa de curas contra Obispo de diócesis de Orizaba

En sigilo, envían tweets al Papa Francisco, para que se entere de sus desatinos

Se siente infalible en sus decisiones y llama: “anti-católicos” a los que se oponen
Orizaba Ver. 05/05/19. - Le llaman “El Gerente” porque, dicen, el jerarca de la diócesis de Orizaba Eduardo Cervantes Merino dirige el obispado como si de una sucursal  multinacional se tratara. Rodeado de un grupúsculo de colaboradores, margina y "desprecia" al clero diocesano que, harto de tantos desaires, se comienza a levantar contra el prelado, en una revolución silenciosa. El pulso llegó hasta Roma, a donde han escrito los párrocos menospreciados, pidiendo socorro al Papa Francisco.
La rebelión se viene cocinando desde el 2015, después de la toma de posesión del nuevo obispo. Ya entonces los curas comenzaron a escribir cartas al Papa, para quejarse de la forma de actuar y de vivir del prelado, así como de su "antievangélica gestión pastoral y económica" de la diócesis. En las misivas, describen a un "obispo señorito", al que le "gusta comer y beber bien", que frecuenta el reservado de restaurantes de lujo y prestigio. En una de esas comilonas, le invitaron a elegir vino y optó por una botella de varios miles de pesos.
Además del coche oficial con chófer del obispado, tiene otros dos coches de camuflaje: un Golf y un híbrido. Le encanta salir y realiza constantes viajes, casi siempre con jóvenes, a Boca del Río y otras playas del pacífico.
Cuando algún cura (pocos se atreven a hacerlo) le reprocha un dispendio de este tipo, él contesta: "El obispo soy yo". Por eso hablan de él como "el jefe" y lo describen como un obispo-Señor que, en tiempos de Francisco, el Papa de los pobres, quiere seguir ejerciendo como príncipe. Todos los entrecomillados se corresponden a contenido de las misivas que han ido mandando a Roma los descontentos y al testimonio directo de párrocos que, salvo uno, exigen anonimato.
En la diócesis hay 72 sacerdotes. Sus seguidores suelen ser ultraconservadores. El Obispo los trae especialmente como secretarios. Ficha in filtro y algunos le salen ranas.
"Tiene dividida la diócesis" en dos bandos, denuncian los curas rebeldes. Por un lado, los jóvenes y viejos, a los que ha colocado en los puestos más importantes y que, "con su colaboración o su silencio se han convertido en sus cómplices.
Los curas han optado por una rebelión «en forma de indiferencia total hacia el obispo". Sin contar con los religiosos, a los que tolera, aunque sin muchas consideraciones: "Desprecia hasta a sacerdotes con arraigo entre la comunidad que han entregado toda su vida al servicio de la Iglesia, a los que no visita ni provee en sus necesidades".
Más aún, en sus constantes viajes "se jacta de decir en público que los curas de las comunidades indígenas son poco espirituales, carentes de formación y de baja talla humana... En el fondo, los considera nativos que hay que evangelizar". Por eso, un día, uno de los curas indignados replicó a otro que defendía al prelado: "Qué se habrá creído. Si cuando en su tierra no existía ni papel para el baño, aquí, Orizaba sede de la diócesis, ya nos limpiábamos el culo con esponja".
A los pocos críticos que se atreven a levantar la voz, dicen, los margina y se ríe de ellos. "Ángeles caídos", les dice, “Aquí se hace lo que yo digo: si se oponen a mis decisiones los llamaré, anti-católicos”, amenaza.
"He visto cuestionar el trabajo de muchos buenos y santos sacerdotes./ He visto el desprecio constante y humillante a las palabras y gestos de sacerdotes./ He visto la soledad de muchos en medio del sufrimiento./ He visto llorar a familias humildes y trabajadoras, gente buena, que lo han perdido todo./ He visto el trato vejatorio dado a los trabajadores del Obispado, Cáritas y algunas Parroquias, a la hora de despedirlos./ He visto acampar, en estos últimos tiempos entre nosotros, el miedo, el silencio, la constante sospecha, el desprecio./ He visto cómo el ansía de dinero ha campado a sus anchas./ He visto cómo se sangra a las parroquias, que a duras penas se sostienen".
Con el objetivo de borrar la herencia de sus antecesores e imponer su modelo eclesiástico ultraconservador. Dicen que "siempre habla de Juan Pablo II y nunca cita a Francisco, al que no puede ni ver".
Como gerente de la diócesis quiere tener el control directo de las cuentas bancarias de todas. De hecho, haciendo una lectura partidista del Código de Derecho Canónico, envió una carta a los bancos, en la que exige los movimientos bancarios y demás productos de las cuentas parroquiales, que tienen una personalidad jurídica distinta a la del obispado.
El equipo económico del obispo "tiene poderes para todo" y hasta «utiliza técnicas agresivas» para sus fines. Por ejemplo, todas las parroquias tienen que entregar a la Mitra "más del 50% de lo que ingresan, teniendo que hacer frente a todos los gastos, sin poder deducir ninguno. Y ese porcentaje lo reclaman sin piedad y sin esperar»".
Más aún, "el trato desde la Administración diocesana hacia los sacerdotes y los seglares que con ellos trabajan es inhumano, tachándolos de ladrones, incompetentes...". Incluso han llegado a acusar a muchos de los curas de ladrones. Y lo que es peor "toda esta normativa no se hace pública, para ocultar todo el andamiaje económico". Porque, según las misivas del clero gaditano, "el equipo económico se mueve en el límite de la moral y de la ley".
Y los curas siguen pidiendo auxilio al Papa como si gritaran desde las catacumbas: "Santo Padre, así no podremos seguir por mucho tiempo".
COMO PIEZAS DE AJEDREZ CAMBIA A LOS SACERDOTES PARA BENEFICIAR A SUS ÍNTIMOS
Con la intención de beneficiar a sus íntimos cambio a los sacerdotes como piezas de ajedrez sin conocer la opinión de la grey católica que se aleja de la iglesia en señal de inconformidad contra el gerente de la diócesis de Orizaba Eduardo Cervantes.
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