El Baldón: Quien pela al Secretario Cordero
Por José Miguel Cobián
Hace unos días, el fin de semana pasado, el secretario de Hacienda, -presidenciable por cierto-, de apellido Cordero (porque seguramente usted no lo conoce), informó urbi et orbi, que el peso mexicano corre el riesgo de una devaluación.
Este anuncio si se hubiera hecho en sexenios anteriores, hubiera generado una corrida contra el peso brutal. Se dice corrida contra el peso, cuando los inversionistas venden sus pesos, los convierten a dólares y los sacan del país, lo cual provoca una devaluación del peso. Es decir, el sólo anuncio de la devaluación se convertiría en una profecía auto cumplida de las que ya habló mucho Alan Greenspan. Sin embargo, algo pasa en México. No sé si sea falta de credibilidad en el secretario de Hacienda, o si los inversionistas no se enteraron de su declaración, o quizá, el gobierno federal no operó para que el peso se devaluara. El asunto es que el lunes 9 de mayo de 2011 no pasó nada.
Este artículo se escribe en la madrugada del diez de mayo. Originalmente esperaba comentar que en el día de la madre constatamos que Cordero le dio en la idem al peso mexicano. Pero la realidad, esa terca señora que se impone por encima de lo que los políticos dicen, se encargó de mostrar otra cosa. Los momios del peso dólar terminaron así el lunes pasado: $11.32 a la compra, $11.72 a la venta en el mercado libre.
Este asunto es gravísimo. Gravísimo no porque el peso no se haya devaluado, que por cierto, yo coincido con Cordero en el sentido de que la economía mexicana recibiría un impulso en sus exportaciones al reducirse el valor de nuestra moneda comparada con nuestro principal socio comercial. También coincido en que el gobierno mexicano recibiría más pesos por sus exportaciones de petróleo, lo cual le daría un respiro al maltrecho tesoro nacional, que ya se ve que a nivel federal no les alcanza para nada, ni con el endeudamiento de 150 millones de dólares diarios desde inicios del sexenio de Felipe. Grave también porque las reservas crecen y crecen, y el gobierno federal quiere hacer un negocito: ya compró dólares baratos y los quiere vender caros al pueblo de México, pero el mercado y la realidad se han impuesto.
El asunto es muy grave, pero por otra razón. Imagine usted un país dónde los inversionistas no le creen al secretario de Hacienda. Imagine usted que un precandidato presidencial del partido en el gobierno, acaba de perder su posibilidad de ser el elegido, pues el mercado no le hizo caso a su advertencia, no reaccionó. Por un lado, esto habla muy mal de la imagen del propio secretario Cordero, y por otra parte, esto significa que la credibilidad del gobierno federal actual está por los suelos. Cuando inversionistas y capitales golondrinos quienes son per sé muy sensibles a cualquier posibilidad de pérdida, que poseen una aversión al riesgo brutal, que como administradores de fondos tienen la responsabilidad de escuchar hasta el mínimo rumor y proteger a sus inversionistas, y no hacen nada ante una advertencia de ese calibre.
Otra perspectiva de la gravedad del asunto, es que con una devaluación el gobierno federal tendría una justificación mayor para incrementar el precio de las gasolinas y otros productos que en calidad de monopolio produce y distribuye. Es decir, desde la Secretaria de Hacienda se promueve hacer más pobres a los pobres de México, pues es claro que ante una devaluación, los precios de bienes y servicios aumentan, pero el salario se conserva, lo cual implica una reducción brutal del poder adquisitivo de los trabajadores, de por sí ya mermado por las crisis de este sexenio. Así, el PAN, muestra su falta de sensibilidad social ante sus gobernados, con el fin de resolver un problema de caja del propio gobierno federal.
Desde todos los puntos de vista, el anuncio del secretario Cordero es condenable. Y más lo será si al final, se cumple su profecía, pues muchos pensarán y algunos lo acusarán de haber provocado la devaluación con su dicho. Es decir el sufrimiento de la población se le achacará a él y al gobierno federal. Por eso quieren adelantar los tiempos, para que esto no suceda cerca del período electoral, que enviaría directamente a la tumba cualquier mínima aspiración del PAN de continuar en el poder otro sexenio más, a pesar del apoyo de los gobernadores priístas (que no quieren perder su poder en los virreinatos en que se han convertido los estados al no tener un presidente priísta), lo cual llevaría automáticamente a dos escenarios, o se hace un buen acuerdo (de los gobernadores), con el elegido por el PRI, o el triunfo de la izquierda en el 2012 está asegurado.
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